Base64 no es un secreto
En la carpeta hay un mensaje que parece incomprensible: letras, números y un '=' al final. Un técnico despistado lo "protegió" así. Descubre qué esconde y recupera el flag.
Laboratorio 1 de 6 de la ruta Codificaciones y secretos. Si te atascas tienes 3 pistas, de la más vaga a la más precisa: cuestan 0, 30 y 100 XP.
Qué aprendes
Los objetivos se completan solos mientras trabajas en el terminal; cada uno vale puntos de experiencia:
- Leer el README (50 XP)
- Abrir el mensaje «protegido» (50 XP)
- Decodificarlo con base64 -d (100 XP)
Temas: codici, base64.
Los comandos que usarás
El terminal es simulado y entiende unos cuarenta comandos de Linux. En este laboratorio te servirán sobre todo estos:
cat: muestra el contenido de un archivo: la forma más directa de leer configuraciones, notas y registros.base64: codifica y decodifica Base64, el formato que convierte bytes en texto. No protege nada: se deshace sin clave.
El entorno simulado
Trabajas en una shell de Linux simulada, en la carpeta personal del usuario runner: archivos y carpetas inventados, ningún objetivo en red.
La lección de defensa
Con el laboratorio resuelto, el informe explica qué falló y cómo protegerse:
Base64 no es cifrado: es solo una forma de escribir bytes con 64 caracteres, y cualquiera la deshace con un comando y sin ninguna clave. Un secreto "escondido" en base64 está, en la práctica, escrito en claro (se ve a menudo en ficheros de configuración, cabeceras HTTP y tokens). Para protegerlo hacen falta un cifrado de verdad con una clave guardada aparte y, para las contraseñas, un hash con sal; mejor aún, no escribirlo en una nota.
Antes y después de este laboratorio
Para abrirlo debes haber resuelto:
- Leer por partes (Fundamentos de Linux, fácil)
Después de este laboratorio puedes pasar a:
- Hexadecimal (Codificaciones y secretos, fácil)
- Las cabeceras cuentan (Recon & Scanning, medio)
La ruta Codificaciones y secretos
Codificaciones y secretos enseña una distinción que salva muchos datos: codificar no es cifrar. Base64, hexadecimal, ROT13 y texto en espejo cambian el aspecto de la información pero no la protegen, porque cualquiera la devuelve a texto claro sin ninguna clave. En los laboratorios reconoces estos formatos por su aspecto, los quitas capa a capa aunque estén apilados, extraes el texto legible de un programa compilado y entiendes por qué para proteger de verdad un secreto hacen falta cifrado real, hashes con sal y un gestor de secretos.